martes, 2 de diciembre de 2008
Presentaciones
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sábado, 18 de octubre de 2008
Evolucion del Pensamiento
Evolución del pensamiento administrativo
La administración ha sido una necesidad natural, obvia y latente de todo tipo de organización humana. Desde siempre, cada tipo de organización ha requerido de control de actividades (contables, financieras o de marketing) y de toma de decisiones acertadas para alcanzar sus objetivos - cualquiera que sean estos- de manera eficiente, es por esto que han creado estrategias y métodos que lo permitan.
Esto lo vemos evidenciado desde el año 400 a.C., cuando lo Egipcios reconocen la necesidad de planear, organizar y controlar los sistemas agrícola, de pastoreo y comercio con los que contaban.
Luego, en el año 500 a.C., la historia nos habla del Imperio Chino, en donde Confusio sentó las bases de la administración China.
Transcribo un cuadro que nos ilustra en buena forma los principales antecedentes de los orígenes de la administración.
"A pesar de todo el progreso alcanzado por el conocimiento humano, la llamada ciencia de la administración solo surgió a principios del siglo XX […] Para que surgiese se necesitaron siglos de preparación y muchos antecedentes capaces de hacer viables las condiciones indispensables para su aparición"
Son diversos los enfoques de la administración, algunos de ámbito amplio, otros más especializados, de modo que existen varias concepciones de la forma más acertada en que se debe administrar una organización lo que ha ocasionado que hasta la fecha no haya una sola teoría administrativa que sea de carácter universal.
Observemos las teorías surgientes desde 1903 y sus principales pioneros.
1903 Administración Científica Taylor,Gantt, Gibreth
1909 Teoría Burocrática Max Weber
1916 Teoría Clásica Fayol, Gulik, Urwick
1932 Teoría Relaciones Humanas Elton Mayo
1947 Teoría Estructuralista Weber, Etzioni
1951 Teoría de Sistemas Ludwing Von Bertalanffy
1954 Teoría Neoclásica Drucker, O` Donnel
1957 Teoría del Comportamiento Hebert Alexander Simon
1962 Desarrollo Organizacional McGregor, Argyris
1972 Teoría Contingencial Chandler, Skinner, Burns
CIENTÍFICA
Agrupación de operaciones
Funciones del administrador
Principios generales de la administración
La administración científica es una filosofía en virtud de la cuál la gerencia reconoce que su objetivo es buscar científicamente los mejores resultados del trabajo.
BUROCRÁTICA
Impersonalidad en las relaciones
División del trabajo
CLÁSICA
Su aporte más sólido es que busca principios y conceptos que se puedan aplicar en la administración del trabajo y del personal de una manera productiva, sin embargo su limitación es que ignora las diferencias que existen entre las personas y las situaciones cambiantes.
Por otra parte, en las organizaciones se da lugar a diferentes comportamientos humanos, el que los pioneros se dieran cuenta de esto significó que pasáramos de evaluar los resultados reales y posibles a nivel meramente estructural y maquinal para enfocarnos más en la parte humana (socio-cultural) que toda organización posee. Así aparecen las Teorías de las Relaciones Humanas, el Comportamiento Humano y el Desarrollo Humano.
Las reacciones negativas de los trabajadores frente al Taylorismo, propiciaron el nacimiento de la Escuela del Comportamiento Humano
Otorgó mayor importancia al hombre
Promovió la motivación de tipo social y afectivo
Proponía para el hombre un trato justo y digno
ESTRUCTURALISTA
Análisis de las organizaciones
Tipología de las organizaciones
Objetivos organizacionales
Ambiente y conflictos organizacionales
SISTEMAS
La organización es un conjunto formado por partes que constituyen un todo coherente y desarrolla un marco sistemático para la descripción del mundo empírico
Interrelación entre las partes
Sistema abierto
Caracterización de la organización formal
Organización lineal
Organización funcional
Línea Staff
CONTIGENCIAL
Afirma que no existe la "mejor" forma para administrar el trabajo o los individuos que lo desempeñan
Se basa en los aspectos de liderazgo de la Escuela Conductista
En resumen, luego de la Teoría de Taylor la preocupación se enfocó en la estructura con las teorías de Fayol y Weber, aparece entonces la teoría estructuralista, más tarde se enfatizó en las personas a través de la Teoría de las Relaciones Humanas complementada luego con las teorías del Comportamiento y el Desarrollo humano; por último surge la teoría de Sistemas que se basa en el ambiente, posteriormente surge la contingencial.
Pero no podemos pasar por alto la Escuela Americana que tiene como representantes a McGregor y Drucker. El primero Promovió la Teoría "Y" quien plantea que la motivación, la responsabilidad y el potencial para el desarrollo se hallan en cada individuo, pero es la administración quien tiene la responsabilidad de hacer que la persona las reconozca y desarrolle por si misma estas características humanas. Drucker abogó por la administración por objetivos.
Este fue un resumen bastante general de las Teorías que han aportado elementos para enriquecer la TOERÍA GENERAL DE LA ADMINISTRACIÓN, y hemos querido mostrar con ello la evolución de esta a través de os años.
No olvidemos que los tiempos están en constante cambio y con ellos las organizaciones, por ende la especie humana, por lo tanto tenemos que estar preparados para afrontar lo que suponen estos cambios en el ambiente, los mercados, las tendencias…. La administración no será la esepción.
UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
MEDELLÍN
El Sistema Monetario
Teorias del Desarrollo
Las teorías del desarrollo, entendidas en su sentido actual, pretenden identificar las condiciones socioeconómicas y las estructuras económicas necesarias para hallar una senda de desarrollo humano y crecimiento económico sostenido (productivo o no). Normalmente el campo no se refiere al análisis de países del Norte, sino que se estudian directamente las economías del Sur (sin embargo, no debe olvidarse que algunos economistas ortodoxos actuales consideran a veces a los modelos neoclásicos y keynesianos de crecimiento del Norte también como teorías de desarrollo).
Podemos dividir las visiones del desarrollo económico en cinco fundamentales: la conservadora, seguida principalmente por los economistas neoclásicos; la reformista, seguida por los keynesianos; la revolucionaria productiva, por el marxismo tradicional; la revolucionaria humana, en torno a economistas del desarrollo humano e izquierdistas actuales (alter-globalistas, ecologistas y feministas); y la revolucionaria personal, por un heterogéneo conjunto de economistas perennes o transpersonales con antecedentes teóricos en el anarquismo político clásico. Estas visiones responden las cuestiones básicas de la economía, el desarrollo y la desigualdad Norte-Sur a partir de la siguiente: ¿cómo conseguir el desarrollo para los diferentes países y personas? Estos son los planteamientos:
El desarrollo como crecimiento productivo en la vía capitalista: la visión conservadora de los neoclásicos.
Supongamos que existe una situación previa que puede tildarse de “subdesarrollo” desde la que se puede pasar a una situación de “desarrollo”, y que representar como un camino de una a otra. Este desplazamiento fue realizado, en una vía capitalista, por los países que hoy son primeras potencias. La primera posibilidad es que todos los países repitan lo que hicieron históricamente los países actualmente más desarrollados: llegar a un mayor nivel de vida material por medio del capitalismo. Gráficamente, implicaría que ese camino del subdesarrollo al desarrollo se da por medio de los modelos capitalistas de los países del “Primer Mundo”.
Las aportaciones relacionadas con este enfoque, que podemos englobar bajo el epígrafe de visión conservadora, suelen estar muy relacionados con las primeras teorías modernas del desarrollo. Cuando los economistas empezaron a preocuparse con intensidad de la situación de los países del Sur, tras la segunda guerra mundial, creyeron que los países subdesarrollados seguirían sin excepción, tarde o temprano, el mismo camino capitalista que habían recorrido los países entonces “ricos” hacia el desarrollo. El capitalismo, facilitando a quien lo asumiera diferentes fases en el camino, era la vía para el “progreso” y la riqueza. La teoría de las fases sucesivas de Rostow (Walter Witman Rostow, 1916-2003) fue el mayor exponente de este criterio: los diferentes países capitalistas acabarían llegando, siguiendo determinadas etapas y cada cual según sus especificidades, al desarrollo y al progreso.
En estas visiones, el desarrollo se suele asimilar al crecimiento de la producción, esto es, a lo que normalmente se entiende por “crecimiento económico”: logrando crecimiento productivo es como los países deben desarrollarse. Con ello, el crecimiento de la producción resulta condición suficiente para el desarrollo: logrando un mayor acceso a los bienes producidos es como la población de los diferentes países logrará desarrollarse. De tal manera que crecimiento de la producción y desarrollo son siempre compatibles, por ser más o menos iguales. En este contexto, es normal que se ordene a los países en base a su renta o producto per-cápita para saber su grado de desarrollo. Con frecuencia, en estudios de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial ha llegado a trazarse como criterio una línea o franja en un puesto determinado de la lista, entendiéndose como desarrollados los países que quedan por encima y como subdesarrollados a lo que quedan por debajo.
Estas visiones del desarrollo conforman una visión conservadora en lo que respecta al capitalismo, pues se asume que el capitalismo es bueno para todos. En la actualidad sigue manteniéndose bastante esta idea en muchas instituciones nacionales e internacionales, así como en variados grupos sociales (liberales, tecnócratas, gente de la calle...) del Norte y también del Sur. Llamar a los países del Sur "países en vías de desarrollo" o “atrasados” implica, por ejemplo, aceptar implícitamente esta idea de benignidad del capitalismo para llevar a todos los países al desarrollo, aunque sea en diferentes velocidades. Estos autores comulgan mucho también con los términos de Primer Mundo y Tercer Mundo.
A pesar de sus limitaciones para delimitar un especial estado económico -el desarrollo- que actualmente se entiende de una manera mucho más amplia, los autores que publicaron escritos en estas coordenadas pusieron las bases que luego derivarían en la subdisciplina que actualmente conocemos como “Economía del Desarrollo”. Es cierto que el problema del desarrollo económico de las naciones había ocupado un lugar central en los economistas clásicos que comenzaron a escribir a fines del s. XVIII. La obra de Adam Smith “La Riqueza de las naciones” (1776) fue una investigación sobre la naturaleza y causas de los niveles de producción de las naciones (lo que suponía era su “riqueza”) y, como rezaba su título más extenso, explicitaba los factores según el autor relevantes: la división del trabajo, la acumulación de capital, la tecnología o la reforma desde el Estado intervencionista al libre comercio. En general, no sólo él sino también el resto de los economistas clásicos estudiaron el objetivo de crecimiento productivo en el largo plazo. Sin embargo, estos temas perdieron peso en el interés de la corriente central de la ciencia económica con el análisis “marginalista” de los neoclásicos, iniciado alrededor de 1870. Gracias a que en los cincuenta siglo XX, tras la II Guerra Mundial, se trató de orientar intervenciones estatales y multilaterales a los países del denominado “tercer mundo”, los economistas que nos ocupan ahora trataron de entender las razones de su atraso y la Economía del Desarrollo tuvo un impulso original nada desdeñable.
En los cincuenta y la posterior década se describieron la estructura y del comportamiento de las economías con bajo nivel de renta per-cápita siguiendo un guión básico: la pregunta básica era ¿cómo romper los círculos viciosos de pobreza? y para ello, ¿cómo iniciar un proceso de crecimiento productivo sostenido? Con ello, la Economía del Desarrollo se fue asentando como subdisciplina diferenciada, pero no se separó claramente de los esquemas tradicionales que las teorías económicas usuales utilizaban para entender el crecimiento productivo de los países ricos. Las teorías del desarrollo y las teorías del crecimiento, precisamente porque el desarrollo se enfocaba como una cuestión de mero crecimiento productivo, eran también algo así como la misma cuestión. Implicaba por tanto una forma muy productivista de tratar la cuestión: crecimiento económico era igual a crecimiento productivo, y ello era igual también a desarrollo de los países y de las personas.
El desarrollo como crecimiento estructural en una vía capitalista reformada: la visión progresista de los keynesianos.
Otra posibilidad es que el capitalismo no lleve tan fácilmente a todos los países al desarrollo. Puede que tenga defectos que dificultan el paso al bienestar de los países más pobres, por lo que son necesarias determinadas reformas estructurales u “obras” en los propios países subdesarrollados o incluso en el orden económico mundial. Gráficamente, implicaría una serie de desperfectos (como “baches” y otros defectos) en la calzada capitalista, y las consiguientes “obras” que las soslayen.
Estas teorías podemos etiquetarlas como una visión reformista del desarrollo. Comenzaron un poco más adelante en el tiempo que las teorías conservadoras de crecimiento productivo dentro del capitalismo como garantía del desarrollo; pero ya a partir de los cincuenta fue quedando claro que éstas resultaban un tanto escasas, dado que esta vía no parecía garantizarse el objetivo de desarrollo. Especialmente, podía constatarse que diversos países con un buen ritmo de crecimiento de la producción no acababan de desarrollarse. Por ello, terminó por admitirse que además del crecimiento productivo eran necesarios ciertos cambios económicos estructurales para lograr el objetivo de desarrollo. Se aceptó que la anterior era una visión algo reduccionista del problema, y se agregaron al concepto de desarrollo los cambios económicos considerados necesarios y vitales.
De todas formas, en las visiones de este tipo, el desarrollo sigue basándose en tener las mismas características económicas que tienen los países del Norte, aunque no tan reducidas a un mero crecimiento de la producción: debe procurarse un extenso y saneado mercado interior, debe existir una buena presencia de los tres sectores macroeconómicos (agrario, industrial y de servicios) y un equilibrio aceptable entre ellos, deben lograrse los flujos económicos monetarizados, etc. En consecuencia, el crecimiento de la producción sigue siendo condición necesaria para el desarrollo aunque no sea suficiente para ello. Y, con ello, crecimiento y desarrollo siguen siendo compatibles.
Estas visiones se han erigido, principalmente, de la mano de autores keynesianos. Su talante político es de índole progresista y a menudo socialdemócrata, lo que propicia un marco para sus ideas reformistas respecto al capitalismo. El enfoque sigue teniendo bastante presencia en la actualidad. Por ejemplo, muchos manuales actuales de economía presentan al día de hoy, en el tema dedicado al desarrollo, una lista de las características económicas de los países desarrollados que no se encuentran en los países del Sur, y asumen que son esas carencias las que provocan el subdesarrollo en los países pobres.
En todo caso, los keynesianos y los autores con este enfoque siguen aceptando que dentro del capitalismo todos los países tienen la oportunidad de lograr el desarrollo, siendo algo que conseguirán tarde o temprano según su predisposición y especifidades. Por eso, también acostumbran a utilizar para los países del Sur los términos de "economías en vías de desarrollo" o “atrasadas”.
El desarrollo como crecimiento estructural en la vía socialista: la visión revolucionaria económica de marxistas y socialistas.
A pesar de practicar ciertos cambios estructurales en los países del Sur e incluso en el orden económico mundial, es posible que el capitalismo no lleve a los países al desarrollo ni siquiera con esas reformas u “obras” estructurales. En otras palabras, puede que sea imposible para los países del Sur repetir los pasos dados por el Norte; y simplemente, porque el avance de los países pobres era impedido por los países ricos. En nuestro ejemplo gráfico, los países que ya se han desarrollado interponen una especie de “Prohibido el paso” para asegurarse de que los países del Sur no les sigan.
La conclusión derivada es obvia: si se desea llegar al desarrollo, debe construirse otro sistema económico, otra vía o “calzada” diferente. Los autores que nos ocupan propusieron un sistema económico socialista en sus diferentes variantes; más cercano al socialismo real que ensayaba de la Unión Soviética o al comunismo teórico que habían anteriormente propuesto Marx y otros autores.
Esta visión revolucionaria económica fue el estandarte de los autores marxistas y otros estructuralistas, originada a partir de finales de los sesenta cobró fuerza en los setenta para ir luego debilitándose en los ochenta y especialmente en los noventa. En dicha visión se asume que los países del Norte se desarrollaron históricamente subdesarrollando al Sur, es decir, que mejoraron su economía explotándolo por medio de la expoliación colonialista e imperialista que se mantiene en la actualidad con renovadas formas. Siguiendo esta lógica resulta asumido que el antiguo colonialismo se mantiene con renovadas formas en un neo-imperialismo que sigue impidiendo desarrollarse a los países del Sur. Una vez desarrollados, los países ricos siguen interesados en impedir que los países pobres no progresen social y económicamente para seguir así manteniendo su bienestar y niveles de consumo a costa de que ellos lo mantengan bajo.
Los autores socialistas llevaron a la teoría del desarrollo la discusión sobre las imposibilidades estructurales del capitalismo mundial. Neoclásicos y keynesianos suelen centrar sus análisis en las cuestiones unilaterales o concretas del crecimiento y del desarrollo, obvian las desiguales estructuras internacionales que llevan a ello. En cambio, la nueva visión asume la existencia de un "Norte" o “Centro”, impulso de acumulación e innovación n pero también de explotación económica internacional, y un "Sur" o “Periferia” desestructurado por los mecanismos impuestos por el Norte para perpetuar un “desarrollo desigual”.
Estructuralistas no marxistas y el enfoque de la Dependencia marxista han construido una teoría global de las causas del subdesarrollo que contempla estos factores internacionales de negación del desarrollo. Dependiendo de los matices más o menos radicales de unos u otros, se asumen las relaciones de explotación entre un “centro” avanzado, impulso de acumulación e innovación pero también de imposición de los mecanismos de la desigualdad, y una “periferia” atrasada y desestructurada que sufre la parte negativa de estos mecanismos. Dado que según este enfoque el subdesarrollo como consecuencia de los países ricos, espacialmente los marxistas propusieron una vía hacia el desarrollo diferente a la del capitalismo: la vía socialista, que en nuestro gráfico es representada por un camino diferente hacia el desarrollo.
En lo que respecta al crecimiento, en esta visión el desarrollo se sigue basando en tener las mismas características económicas que tienen los países del Norte, aunque ahora sea por medio de una vía diferente; la socialista. El crecimiento productivo sigue siendo condición necesaria para el desarrollo; y siguen siendo por ello compatibles, aunque no sea una condición suficiente.
Estos autores suelen preferir los términos de "economías subdesarrolladas" más que el de “en vías de desarrollo”. Y debe reconocerse además al respecto que son estos enfoques los que han conseguido popularizar los términos de "Norte" y “Sur” y los de “Centro” y “Periferia”. De todas formas, se sigue manteniendo dentro de la lógica de esta visión el término de “atrasados” y los términos de Primer Mundo y Tercer Mundo.
La herencia de la visión marxista y estructuralista, al menos en este enfoque sobre las causas del subdesarrollo, sigue presente en buena parte de los sectores críticos con la estructura capitalista mundial. Se asume que el Norte sigue explotando al Sur mediante un neo-imperialismo que se da mediante múltiples formas de explotación económica y política. Por ejemplo, cuando los críticos con el capitalismo atacan la contratación barata llevada a cabo por las multinacionales (explotando mano de obra barata y expoliando los recursos naturales de los países del Sur para vender luego en el Norte), las políticas de ajuste exigidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, o las nuevas desigualdades impuestas por la Organización Mundial del Comercio, están asumiendo este enfoque izquierdista.
El desarrollo como aumento de las oportunidades humanas: la visión social y humana de los críticos e izquierdistas actuales.
Resulta curioso observar que las visiones anteriores, a pesar de parecer muy distintas y ser incluso antagónicas en lo que respecta al sistema económico elegido, adolecen del mismo “vicio” en su enfoque. En todas “falla” algo, en el sentido de no haber atendido a una determinada faceta del desarrollo: la que corresponde a sus objetivos. Los anteriores análisis han debatido sobre la vía, sobre cómo llegar a ello, pero no sobre el destino, sobre qué es concretamente el desarrollo. Concretando, lo que estas visiones entienden por “desarrollo” no tiene por qué ser necesariamente la única meta posible. El desarrollo realmente deseable puede ser otro, y no el tradicionalmente asumido como tal.
Este enfoque, una visión humana que sigue teniendo un enfoque izquierdista fuertemente crítico con el capitalismo, mantiene que son necesarios cambios económicos radicales en el sistema, ya sea según un modelo socialista revolucionario o algún otro, pero incide en que lo fundamental parte de una mejora en los valores humanos, y hacia ello hay que caminar. Si en los años cincuenta y sesenta del siglo XX se pudo constatar que el crecimiento productivo de un país no implica que su economía pueda funcionar mejor a largo plazo, hacia los ochenta quedó ya en evidencia que una economía que crece productivamente y que mejora adaptándose a cambios estructurales en torno a esta esfera productiva no garantiza necesariamente que sus pobladores dispongan de un mayor bienestar, que es lo que en última instancia importa.
Ello ha llevado a una progresiva humanización del concepto de desarrollo, dado que éste entra en conflicto frecuente con el objetivo de crecimiento productivo. El crecimiento productivo y la atención reducida a variables aceptadas tradicionalmente como económicas puede generar contaminación, desigualdades, malestar personal, etc., e hipotecar o imposibilitar el desarrollo social de un país. Por ello, según estas visiones resulta inexcusable que el concepto de desarrollo se humanice.
Siguiendo este criterio, las teorías actuales sobre el subdesarrollo revolucionan todas las teorías anteriores; ponen en entredicho no ya las vías a un determinado tipo de desarrollo asumido sin crítica, sino el hecho mismo de qué tipo de desarrollo desean los pueblos para su bienestar. Además del crecimiento de la producción y de los cambios económicos tenidos en cuenta por los anteriores enfoques debe existir una mejora social y humana. Sin ello, no hay desarrollo real.
Y esta aspiración, según estas visiones, implica romper con los modelos tradicionales seguidos por los países del Norte. No es necesario ni apropiado para los países del Sur seguir los mismos modelos de crecimiento llevados a cabo en el pasado por los países del Norte, y que tan graves deficiencias han tenido a nivel social y ecológico. En nuestra analogía gráfica, se trata no ya de buscar una vía diferente para el mismo desarrollo conseguido por los países más “adelantados”, sino caminar hacia otros modelos de desarrollo diferentes.
En tal sentido, desde diferentes plataformas críticas se va llegando actualmente al consenso de la necesidad superar el desarrollo tradicional basado en la industrialización y el crecimiento productivo con un concepto más amplio, el de “desarrollo humano”. En ciencia económica, dicho concepto lo sistematiza actualmente en la teoría de desarrollo humano, con aportaciones de autores como Amartya Sen, Paul Streeten, Manfred Max-Neef o Martha Nussbaum y siendo apoyado de manera vital por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En este contexto se entiende por desarrollo el aumento de las oportunidades socioeconómicas de las personas de un país, en otras palabras, el aumento de las capacidades humanas de sus habitantes. Este vendría dado por la consideración de aspectos tales como:
- Requisitos mínimos materiales en torno a la disponibilidad de productos, la longevidad y la educación. La disponibilidad de productos (medible con índices de crecimiento productivo) se toma como criterio de una mejora material del nivel de vida, lo que ayuda a tener más oportunidades socioeconómicas. La longevidad (medible por la esperanza de vida) se toma como criterio de bienestar y sanidad, lo que garantiza tener igualmente más oportunidades socioeconómicas. El acceso a la educación (medible con tasas de alfabetización y escolarización) se toma como criterio de cultura e información, entendiendo que ayuda a conocer y aprovechar mejor las oportunidades. Son éstos los criterios incluidos en el Índice de Desarrollo Humano o IDH propuesto por el PNUD, y con los índices mencionados.
- Garantías humanas frente al presente en relación a los derechos humanos, tales como derechos humanos mínimos (a la vida, a la libertad, etc.), participación popular, equidad social, acceso al trabajo productivo, etc. Su medición internacional es más difícil, por lo que no se han incluido de momento en el IDH.
- Garantías humanas frente al futuro dadas por la sustentabilidad (es la sostenibilidad, es decir, la permanencia o mejora en el tiempo del estado de una variable económica). En la sustentabilidad del desarrollo tienen importancia la sustentabilidad ambiental (el medioambiente en el que se desenvuelve una comunidad garantice su sostenimiento futuro), la sustentabilidad social (que la comunidad pueda mantener su estructura social) o la sustentabilidad cultural (que la cultura en la que se inserta la comunidad tenga garantizada su permanencia). Tampoco vienen incluidas en el actual IDH.
La base social de esta renovación es variada, y parte de una amalgama de diferentes plataformas alternativas aglutinadas bajo el eslogan “otro mundo es posible”; especialmente:
- La crítica social: es el frente crítico más tradicional, el más presente en la historia del capitalismo. Aduce que el crecimiento de la producción se da a menudo a costa de la explotación de los más débiles, como muestra el aforismo “los ricos cada vez más ricos, a costa de que los pobres sean cada vez más pobres”. Su formulación actual más presente es la de los movimientos denominados como “anti-globalización” (por hallarse en contra de la globalización actual) o “alter-globalización” (por proponer una globalización diferente). En ellos no se admite que el crecimiento del sistema favorezca a sólo unos países o, incluso, a sólo unas élites ricas, en detrimento de la mayoría de la población mundial.
- La crítica ecologista: es quizá, en la actualidad, la más emergente. Los ecologistas realizan una contra-argumentación lógica y de fondo a la importancia dada por los capitalistas y los economistas tradicionales a la producción, al aducirles que es insostenible como criterio de crecimiento económico. Como el crecimiento de la producción se ha dado tradicionalmente a costa de saquear y destrozar el medioambiente, podremos con ello tener crecimiento hoy, pero no pasado mañana; y con ello se niega la posibilidad de crecer a las generaciones venideras, a nuestros hijos y nietos. El planeta no resistiría que todos los países llevaran a cabo el mismo modelos de desarrollo que ha practicado el Norte. Un reflejo de dicha visión es, por ejemplo, que deberían tenerse en cuenta las externalidades negativas de las empresas (contaminación, etc.) en las mediciones del PIB.
- La crítica feminista: tiene también una importante presencia. Las autoras feministas aducen que el actual concepto de crecimiento es una visión masculina y machista que no tiene en cuenta a las mujeres, colectivo mayoritario de la población mundial. Por ejemplo, la economía sería insostenible si las amas de casa no formaran un amplio sector tomado siempre como "no productivo" pero que, de hecho, sostiene toda la labor tradicionalmente vista como productiva, y que no es sino el trabajo masculino en los centros de producción (un reflejo es en este caso que el trabajo de las amas de casa se incluya en el PIB y en las prestaciones sociales). Relacionado con ello, determinados colectivos femeninos acostumbran a ser unos de los más perjudicados cuando la economía entra en recesión -sobre todo en el Sur- en un fenómeno que se suele denominar como feminización de la pobreza. Finalmente, apuntar que la escuela feminista en teoría económica, la feminist economics, amplía sus críticas a la propia visión del ser humano de los economistas ortodoxos. Los economistas neoclásicos suponen que el agente económico es netamente egoísta, que sigue literalmente su propio interés en sus decisiones sin tener en cuenta a los demás. Las feministas afirman que esta visión no considera las facetas femeninas del ser humano, como, por ejemplo, el cuidado y la atención a los demás, algo que queda claro con respecto a los hijos.
En su globalidad, sean economistas del desarrollo humano, alter-globalistas, ecologistas o feministas, todos ellos propugnan modelos de desarrollo menos economicistas y más humanos. Intentan impregnar el concepto de desarrollo, el camino hacia él y la propia sociedad actual, de valores que eliminen las rigideces en el bienestar generadas por la industrialización y la sociedad moderna. Siguiendo este criterio, las teorías actuales sobre el subdesarrollo revolucionan todas las teorías anteriores; ponen en entredicho no ya las vías a un determinado tipo de desarrollo asumido sin crítica, sino el hecho mismo de qué tipo de desarrollo desean los pueblos para su bienestar.
En este enfoque actual se asumen con naturalidad los términos de "economías subdesarrolladas", o simplemente "Norte" y “Sur”, pero no tanto el de países “en vías de desarrollo”. Sin embargo, se sigue manteniendo dentro de la lógica del núcleo de su teoría la valoración de “atrasados” para estos países, pues muchos de ellos (no todos, a decir verdad) ciertamente tienen, tal como se suele tipificar por ejemplo en las listas del IDH, un desarrollo humano menor que en los países “avanzados”. Sin embargo, los autores de esta tendencia gustan menos de los términos excesivamente valorativos de “Primer” y “Tercer” Mundo.
El desarrollo como crecimiento personal y autorrealización: la visión amorosa del Sur según los economistas perennes.
Hasta aquí parecen agotadas todas las posibilidades respecto al desarrollo pero, no obstante, queda un matiz más que contemplar. Todas las visiones comentadas hasta el momento adolecen, nuevamente, de un mismo condicionamiento analítico: son todas ellas productos intelectuales del Norte, y no tienen en cuenta que el propio punto de partida, el supuesto estado de “subdesarrollo”, no es el mismo para la cultura occidental moderna propia del Norte que para la llamada “filosofía perenne” propia del Sur. El nuevo enfoque parte por tanto de una crítica transcultural realizada desde las visiones del mundo de los países del Sur.
Si entendemos la esencia de las grandes tradiciones culturales no occidentales, denominada como “filosofía perenne”, y la intentamos comprender desde esquemas occidentales, llegaremos pronto a la conclusión de que nos hallamos ante una visión amorosa del desarrollo centrada en el crecimiento personal y en la autorrealización, en el denominado “progreso interior”. Según estas filosofías la persona se desarrolla según un progreso interior que es un movimiento de unidad y amor hacia adentro de nosotros mismos (nuestra esencia interior es de felicidad y amor y haciéndola consciente es como nos realizamos) y hacia fuera en el entorno (todo camino hacia adentro debe complementarse con una interrelación sana con nuestros semejantes y con la naturaleza).
En consecuencia, siguiendo el enfoque, la verdadera revolución no se refiere tanto al mundo externo de la economía, sino al mundo interno del ser humano. No nos hallamos ante el deseo de una revolución principalmente económica, como en el caso del marxismo y el socialismo radical, sino ante una profundización de la visión humana de la teoría moderna del desarrollo que desemboca en algo cualitativamente más intenso: el deseo de una revolución en el propio ser humano, englobando como consecuencia (y no teniendo como origen) a lo económico.
Esta crítica transcultural carece de momento de una llamativa presencia social pero está resultando ser un motivador semillero para escuelas económicas alternativas. En diferentes aportaciones de diversa índole, variados economistas del Sur y también del Norte critican que la visión de la producción y de la economía asentada en la teoría económica tradicional parte de una seria limitación previa: pertenece de hecho a una minoría de la población mundial, la minoría "occidental" (que, debe recordarse, sólo compone su séptima u octava parte). Las teorías económicas actualmente oficiales han sido ideadas en Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos, o en países del Sur pero de la mano de autores con una educación occidental moderna, sin tener cuenta que su importante sesgo occidental no se corresponde con lo que opina sobre la existencia la mayoría del planeta.
Por ello, conviene que una alternativa propia del Sur logre construir una ciencia económica que no esté basada en la visión del mundo occidental, sino en la esencia de las grandes tradiciones culturales del Sur, que se ha dado en llamar “filosofía perenne”. En este empeño los que podemos denominar como economistas perennes (por aplicar o reflejar la filosofía perenne en sus escritos) o economistas transpersonales (dado que aplican en economía la misma lógica que la psicología transpersonal emplea en su área) se nutren de diversas corrientes alternativas como la gandhian economics o la buddhist economics.
Bibliografía básica de consulta
Algunos análisis del orden político internacional desde la estructura norte-sur
- Nassau A. Adams, Worlds Apart: The North-South Divide and the International System, Zed Books, Londres, 1993 (historia de las relaciones Norte-Sur desde 1945, incluyendo la actualidad en que el Sur debe aceptar por su debilidad económica políticas impuestas por el Norte con el apoyo del FMI y el Banco Mundial, perpetuando su estado de subdesarrollo).
- Noam Chomsky, El nuevo orden mundial (y el viejo), ECOE, Madrid, 1993. (analiza la política internacional desde el punto de vista de los derechos humanos y del impacto negativo del concepto occidental de democracia liberal y su defensa del poder corporativo).
- Robert Chambers, Whose Reality Counts: Putting the First Last, IT Publications, Londres, 1997 (en el desarrollo se han pasado por alto temas esenciales debido a intereses de los poderosos, por lo que debe haber un cambio personal, profesional e institucional para atender a los habitantes de los medios rurales y urbanos, que nunca han dejado de expresar localmente sus realidades).
- Michel Chossudovsky, The Globalisation of Poverty: Impacts of IMF and World Bank Reforms, Zed Books y Third World Network, Londres, 1997 (el Banco Mundial y el FMI posibilitan que el orden financiero se alimente de la pobreza humana y de la destrucción del medio ambiente, generando apartheid social, conflictos étnicos y explotación de la mujer, lo que desemboca en una globalización de la pobreza).
- John Cavanagh, Daphne Wysham y Marcos Arruda (eds.): Alternativas al orden económico global: más allá de Breton Woods, Icaria, Barcelona, 1994. (versión española de Beyond Bretton Woods: Alternatives to the Global Economic Order). (critica la actual estructura político-económica internacional y propone cambios para lograr una más justa)
Algunos análisis del desarrollo y de sus teorías.
- Samir Amin, Maldevelopment: Anatomy of a Global Failure, Zed Books, Londres 1990 (analiza el fracaso del desarrollo integrando factores económicos, políticos, sociales y culturales; y propone un «desarrollo alternativo» nacional y popular que persiga la cooperación Sur-Sur para reemplazar a las grandes potencias).
- John Martinussen, Society, State and Market: A Guide to Competing Theories of Development, Zed Books, Londres, 1997. (explicación multidisciplinar de la teoría del desarrollo desde 1945 culminando en enfoques y debates actuales).
- Charles P. Oman y Ganeshan Wignaraja, The Post-War Evolution of Development Thinking, Macmillan y el Centro de Desarrollo de la OECD, Londres, 1991 (estudio crítico del pensamiento sobre el desarrollo tanto ortodoxo como alternativo).
- Meier, Gerald M. Y Joseph E. Stiglitz, eds., 'Frontiers of Development Economics: The future in perspective', Banco Mundial, Washington, D.C., 2000. (35 economistas analizan la teoría del desarrollo, evalúan los problemas futuros y debaten las medidas necesarias).
- Marshall Wolfe, Elusive Development, Zed Books, Londres, 1996 (tratando las políticas y acciones derivadas de ellos se hace un repaso crítico a mitos y teorías del desarrollo).
Algunos análisis del desarrollo desde una perspectiva humana.
- Pedro Ibarra, y Koldo Unceta (coords.) Ensayos sobre el desarrollo humano, Icaria, Barcelona, 2001. (trata las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que pueden aumentar las oportunidades de desarrollo de países y personas incluyendo algunos estudios de caso).
- Majid Rahnema con Victoria Bawtree (eds.), The Post-development Reader, Zed Books, Londres, 1997 (40 artículos de diversos teóricos y activistas que evalúan el paradigma dominante del desarrollo y presentan alternativas más humanas y respetuosas hacia las culturas y el medio ambiente).
- Mehrotra, Santosh y Richard Jolly, eds., 'Development with a Human Face: Experiences in social achievement and economic growth', Oxford University Press, Oxford, 1997. (presenta a 10 países que superaron su crecimiento económico siendo ello, según los autores, gracias a que invirtieron en servicios humanos).
- Jeremy Seabrook, Pioneers of Change: Experiments in Creating a Humane Society, Zed Books, Londres, 1993 (ideas y acciones de los destinatarios del Right Livelihood Award, conocido como “Premio Nobel Alternativo”, otorgado a actores pioneros en los ámbitos de la paz, el desarrollo sostenible, la integridad medioambiental, la justicia social y los derechos humanos).
- Max-Neff, Manfred. Desarrollo a escala humana: una opción para el futuro. Icaria, Barcelona, 1994.
Algunos análisis del desarrollo desde una perspectiva humana enfatizando las visiones propias del sur.
- Wolfgang Sachs (ed.), The Development Dictionary: A Guide to Knowledge as Power, Zed Books, Londres, 1992 (las ideas clave del discurso del desarrollo resaltan ciertos aspectos de la realidad excluyendo otros en beneficio de las actitudes “civilizadas”, y ésta se ve diferente desde las culturas no occidentales).
- Ozay Mehmet, Westernising the Third World: The Eurocentricity of Economic Development Theories, Routledge, Londres, 1995 (partiendo de que las teorías económicas y las del desarrollo son eurocéntricas e inadecuadas para el desarrollo, trata problemas presentes y anticipa debates futuros).
- Raff Carmen, Autonomous Develoment: Humanising the Landscape – An Excursión into Radical Thinking and Practice, Zed Books, Londres, 1996 (el desarrollo es un acto de descolonización de la mente y creación humana; no se trata de proporcionar a la población aquello de lo que carece, sino de potenciar los valores culturales, sociales, educativos, éticos, etc. que ya tienen previamente).
- Xabier Renteria, “¿Es posible un desarrollo económico basado en el amor? una propuesta desde las visiones del mundo del sur.” (Universidad de Guadalajara, México).
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Los Sistemas Economicos
Se llama sistema económico a la forma en la que se organiza la actividad económica de una sociedad, la producción de bienes y servicios y su distribución entre sus miembros. Cada sistema económico se caracteriza por su ordenamiento jurídico que especifica el régimen de propiedad y las condiciones de contratación entre particulares. Es el estado el que elabora e impone ese ordenamiento jurídico y se reserva para sí ciertos ámbitos y formas de actuación. El sistema económico sirve por tanto para determinar qué agentes y en qué condiciones podrán adoptar decisiones económicas.
El economista clásico Karl Marx sugirió que el sistema económico utilizado por cada sociedad humana depende del desarrollo de las fuerzas productivas, principalmente los conocimientos técnicos, el capital acumulado y la población. Mientras el ordenamiento jurídico sea el adecuado al nivel de las fuerzas productivas, decía Marx, éstas pueden desarrollarse sin que aparezcan tensiones graves; pero llega un momento en el que las fuerzas productivas han crecido tanto que la estructura social, en vez de estar potenciando su desarrollo, aparece como una limitación, un corsé que impide su crecimiento. Es entonces cuando la superestructura jurídica y consiguientemente el régimen de propiedad, se ve forzada al cambio de forma más o menos brusca.
Efecto Electrico
El efecto fotoeléctrico consiste en la emisión de electrones por un material cuando se le ilumina con radiación electromagnética (luz visible o ultravioleta, en general). A veces se incluye en el término otros tipos de interacción entre la luz y la materia:
Fotoconductividad: es el aumento de la conductividad eléctrica de la materia o en diodos provocada por la luz. Descubierta por Willoughby Smith en el selenio hacia la mitad del siglo XIX.
Efecto fotovoltaico: transformación parcial de la energía luminosa en energía eléctrica. La primera célula solar fue fabricada por Charles Fritts en 1884. Estaba formada por selenio recubierto de una fina capa de oro.
El efecto fotoeléctrico fue descubierto y descrito por Heinrich Hertz en 1887. La explicación teórica solo fue hecha por Albert Einstein en 1905 quien basó su formulación de la fotoelectricidad en una extensión del trabajo sobre los cuantos de Max Planck. Más tarde Robert Andrews Millikan pasó diez años experimentando para demostrar que la teoría de Einstein no era correcta... y demostró que sí lo era. Eso permitió que Einstein y Millikan compartiesen el premio Nobel en 1921 y 1923 respectivamente.
Introducción
Célula fotoeléctrica donde "1" es la fuente lumínica, "2" es el cátodo y "3", el ánodo
Los fotones tienen una energía característica determinada por la longitud de onda de la luz. Si un electrón absorbe energía de un fotón y tiene mayor energía que la necesaria para salir del material y su velocidad está bien dirigida hacia la superficie, entonces el electrón puede ser extraído del material. Si la energía del fotón es demasiado pequeña, el electrón es incapaz de escapar de la superficie del material. Los cambios en la intensidad de la luz no cambian la energía de sus fotones, tan sólo el número de electrones que pueden escapar de dicha superficie y por lo tanto la energía de los electrones emitidos no depende de la intensidad de la luz incidente, sino de la frecuencia de la radiación que le llega. Si el fotón es absorbido parte de la energía se utiliza para liberarlo del átomo y el resto contribuye a dotar de energía cinética a la partícula libre.
En principio, todos los electrones son susceptibles de ser emitidos por efecto fotoeléctrico. En realidad los que más salen son los que necesitan menos energía para salir y, de ellos, los más numerosos.
En un aislante (dieléctrico), los electrones más energéticos se encuentran en la banda de valencia. En un metal, los electrones más energéticos están en la banda de conducción. En un semiconductor de tipo N, son los electrones de la banda de conducción que son los más energéticos. En un semiconductor de tipo P también, pero hay muy pocos en la banda de conducción. Así que en ese tipo de semiconductor hay que ir a buscar los electrones de la banda de valencia.
A la temperatura ambiente, los electrones más energéticos se encuentran cerca del nivel de Fermi (salvo en los semiconductores intrínsecos en los cuales no hay electrones cerca del nivel de Fermi). La energía que hay que dar a un electrón para llevarlo desde el nivel de Fermi hasta el exterior del material se llama función trabajo, y la frecuencia mínima necesaria para que un electrón escape del metal recibe el nombre de frecuencia umbral. El valor de esa energía es muy variable y depende del material, estado cristalino y, sobre todo de las últimas capas atómicas que recubren la superficie del material. Los metales alcalinos (sodio, calcio, cesio, etc.) presentan las más bajas funciones de trabajo. Aun es necesario que las superficies estén limpias al nivel atómico. Una de la más grandes dificultades de las experiencias de Millikan era que había que fabricar las superficies de metal en el vacío.
Explicación
Los fotones del haz de luz tienen una energía característica determinada por la frecuencia de la luz. En el proceso de fotoemisión, si un electrón absorbe la energía de un fotón y éste último tiene más energía que la función trabajo, el electrón es arrancado del material. Si la energía del fotón es demasiado baja, el electrón no puede escapar de la superficie del material. Aumentar la intensidad del haz no cambia la energía de los fotones constituyentes, solo cambia el número de fotones. En consecuencia, la energía de los fotones emitidos no depende de la intensidad de la luz, sino de la energía de los fotones individuales.
Los electrones pueden absorber energía de los fotones cuando son irradiados, pero siguiendo un principio de "todo o nada". Toda la energía de un fotón debe ser absorbida y utilizada para liberar un electrón de un enlace atómico, o si no la energía es re-emitida. Si la energía del fotón es absorbida, una parte libera al electrón del átomo y el resto contribuye a la energía cinética del electrón como una partícula libre.
Einstein no se proponía estudiar las causas del efecto en el que los electrones de ciertos metales, debido a una radiación luminosa, podían abandonar el metal con energía cinética. Intentaba explicar el comportamiento de la radiación, que obedecía a la intensidad de la radiación incidente, al conocerse la cantidad de electrones que abandonaba el metal, y a la frecuencia de la misma, que era proporcional a la energía que impulsaba a dichas partículas.
Leyes de la emisión fotoeléctrica
Para cada metal dado, existe una cierta frecuencia mínima de radiación incidente debajo de la cual ningún fotoelectrón puede ser emitido. Esta frecuencia se llama frecuencia de corte.
Por encima de la frecuencia de corte, la energía cinética máxima del fotoelectrón emitido es independiente de la intensidad de la luz incidente, pero depende de la frecuencia de la luz incidente.
El tiempo de retraso entre la incidencia de la radiación y la emisión del fotoelectrón es muy pequeña, menos que 10-9 segundos.
Formulación matemática
Para analizar el efecto fotoeléctrico cuantitativamente utilizando el método derivado por Einstein es necesario plantear las siguientes ecuaciones:
Energía de un fotón absorbido = Energía necesaria para liberar 1 electrón + energía cinética del electrón emitido.
Algebraicamente:
,
que puede también escribirse como
.
donde h es la constante de Planck, f0 es la frecuencia de corte o frecuencia mínima de los fotones para que tenga lugar el efecto fotoeléctrico, Φ es la función trabajo, o mínima energía necesaria para llevar un electrón del nivel de Fermi al exterior del material y Ek es la máxima energía cinética de los electrones que se observa experimentalmente.
Nota: Si la energía del fotón (hf) no es mayor que la función de trabajo (Φ), ningún electrón será emitido.
En algunos materiales esta ecuación describe el comportamiento del efecto fotoeléctrico de manera tan sólo aproximada. Esto es así porque el estado de las superficies no es perfecto (contaminación no uniforme de la superficie externa).
Historia
Heinrich Hertz
Las primeras observaciones del efecto fotoeléctrico fueron llevadas a cabo por Heinrich Hertz en 1887 en sus experimentos sobre la producción y recepción de ondas electromagnéticas. Su receptor consistía en una bobina en la que se podía producir una chispa como producto de la recepción de ondas electromagnéticas. Para observar mejor la chispa Hertz encerró su receptor en una caja negra. Sin embargo la longitud máxima de la chispa se reducía en este caso comparada con las observaciones de chispas anteriores. En efecto la absorción de luz ultravioleta facilitaba el salto de los electrones y la intensidad de la chispa eléctrica producida en el receptor. Hertz publicó un artículo con sus resultados sin intentar explicar el fenómeno observado.
J.J. Thomson
En 1889, el físico británico Joseph John Thomson investigaba los rayos catódicos. Influenciado por los trabajos de James Clerk Maxwell, Thomson dedujo que los rayos catódicos consistían de un flujo de partículas cargadas negativamente a los que llamó corpúsculos y ahora conocemos como electrones.
Thomson utilizaba una placa metálica encerrada en un tubo de vacío como cátodo exponiendo este a luz de diferente longitud de onda. Thomson pensaba que el campo electromagnético de frecuencia variable producía resonancias con el campo eléctrico atómico y que si estas alcanzaban una amplitud suficiente podía producirse la emisión de un "corpúsculo" subatómico de carga eléctrica y por lo tanto el paso de la corriente eléctrica.
La intensidad de esta corriente eléctrica variaba con la intensidad de la luz. Incrementos mayores de la intensidad de la luz producían incrementos mayores de la corriente. La radiación de mayor frecuencia producía la emisión de partículas con mayor energía cinética.
Von Lenard
En 1902 Philipp von Lenard realizó observaciones del efecto fotoeléctrico en las que se ponía de manifiesto la variación de energía de los electrones con la frecuencia de la luz incidente.
La energía cinética de los electrones podía medirse a partir de la diferencia de potencial necesaria para frenarlos en un tubo de rayos catódicos. La radiación ultravioleta requería por ejemplo potenciales de frenado mayores que la radiación de mayor longitud de onda. Los experimentos de Lenard arrojaban datos únicamente cualitativos dadas las dificultades del equipo instrumental con el cual trabajaba.
Cuantos de luz de Einstein
En 1905 Albert Einstein propuso una descripción matemática de este fenómeno que parecía funcionar correctamente y en la que la emisión de electrones era producida por la absorción de cuantos de luz que más tarde serían llamados fotones. En un artículo titulado "Un punto de vista heurístico sobre la producción y transformación de la luz" mostró como la idea de partículas discretas de luz podía explicar el efecto fotoeléctrico y la presencia de una frecuencia característica para cada material por debajo de la cual no se producía ningún efecto. Por esta explicación del efecto fotoeléctrico Einstein recibiría el Premio Nobel de Física en 1921.
El trabajo de Einstein predecía que la energía con la que los electrones escapaban del material aumentaba linealmente con la frecuencia de la luz incidente. Sorprendentemente este aspecto no había sido observado en experiencias anteriores sobre el efecto fotoeléctrico. La demostración experimental de este aspecto fue llevada a cabo en 1915 por el físico estadounidense Robert Andrews Millikan.
Dualidad onda-corpúsculo
El efecto fotoeléctrico fue uno de los primeros efectos físicos que puso de manifiesto la dualidad onda-corpúsculo característica de la mecánica cuántica. La luz se comporta como ondas pudiendo producir interferencias y difracción como en el experimento de la doble rendija de Thomas Young, pero intercambia energía de forma discreta en paquetes de energía, fotones, cuya energía depende de la frecuencia de la radiación electromagnética. Las ideas clásicas sobre la absorción de radiación electromagnética por un electrón sugerían que la energía es absorbida de manera continua. Este tipo de explicaciones se encontraban en libros clásicos como el libro de Millikan sobre los Electrones o el escrito por Compton y Allison sobre la teoría y experimentación con rayos X. Estas ideas fueron rápidamente reemplazadas tras la explicación cuántica de Albert Einstein.
Efecto fotoeléctrico en la actualidad
El efecto fotoeléctrico es la base de la producción de energía eléctrica por radiación solar y del aprovechamiento energético de la energía solar. El efecto fotoeléctrico se utiliza también para la fabricación de células utilizadas en los detectores de llama de las calderas de las grandes centrales termoeléctricas. También se utiliza en diodos fotosensibles tales como los que se utilizan en las células fotovoltaicas y en electroscopios o electrómetros. En la actualidad los materiales fotosensibles más utilizados son, aparte de los derivados del cobre (ahora en menor uso), el silicio, que produce corrientes eléctricas mayores.
El efecto fotoeléctrico también se manifiesta en cuerpos expuestos a la luz solar de forma prolongada. Por ejemplo, las partículas de polvo de la superficie lunar adquieren carga positiva debido al impacto de fotones. Las partículas cargadas se repelen mutuamente elevándose de la superficie y formando una tenue atmósfera. Los satélites espaciales también adquieren carga eléctrica positiva en sus superficies iluminadas y negativa en las regiones oscurecidas, por lo que es necesario tener en cuenta estos efectos de acumulación de carga en su diseño.
Enlaces externos
Versión en español del artículo original de Einstein en Bol. Soc. Mex. Fís. 19, 3, p 151-164 (2005)
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_fotoel%C3%A9ctrico"
Categoría: Mecánica cuántica